ILUSTRACION, CONDICION HUMANA Y CRÍTICA DE LA OPINION PUBLICA
Por :Cesar Augusto Campos Pacheco
El surgimiento y desarrollo tecnológico, y en consecuencia la globalización, en la actualidad justifica que la cultura sea una mercancía. El mundo moderno coexiste con deleite con las industrias culturales de las cuales las sociedades actuales demandan cada vez más productos que son elaborados a partir de características que sirven como modelo para satisfacer a la sociedad de consumo; frente a las relaciones de los seres humanos y la esfera pública y privada, hacen énfasis en el canje esencial que presume la modernidad frente a períodos anteriores por la forma de concebir lo privado, lo público, lo político y lo social. Lo anterior es planteado por cada uno de los pensadores que a continuación se mostrara de manera tangencial.
El escrito a cuatro manos entre Adorno y Horkheimer, titulado “La Dialéctica de la Ilustración”,es un estudio crítico de la dialéctica del desarrollo y ferocidad en la cual se encuentra inmersa la historia de la humanidad.
Es indudable que el hombre de la actualidad ha venido acoplándose a una manera determinada de opresión, y que de forma sensata o insensata se representen como una forma de unidad y precisión camino al progreso. Es cierto que el desarrollo del trabajo es una manera incluyente que patrocina el dominio como algo inevitable e inviolable. Las relaciones del capitalismo exigen herramientas que reclamen la dominación. Adorno y Horkheimer creen que estas herramientas deben ser representadas por sistemas filosóficos.
Para Adorno y Horkheimer, lo que plantea Hegel con base en la negación establecida es muy afín al problema que igualmente plantea la Ilustración; es decir la mediación y la inclinación a establecer la unidad. En el desarrollo del análisis los dos autores diseñan una analogía competente para mostrar estas representaciones sobreentendidas de reproducción. Es necesario mostrar aquí la forma en que Hegel facilita sentido a esta concepción de la negación determinada para luego exponer la semejanza con el transcurso de la Ilustración.
La tesis de Adorno y Horkheimer indica el camino de la dialéctica de Hegel, constituida por la negación determinada. Afirman ellos que el segmento concluyente del asunto es lo que determina que la dialéctica de Hegel termine dilapidando los logros alcanzados frente al positivismo y que de esta manera acabe creando una reincidencia en la mitología; cuestión esta que sería censurable en el método hegeliano pero con mayores consecuencias en el propósito de la ilustración.
Adorno y Horkheimer, afirman que la negación establecida, concebida bajo la obscuridad de la mediación, está destinada a la mitología, es decir a esta manera semejante al proceso capitalista de reproducirse y que personifica una perspectiva de lo otro como algo apocalíptico que hemos de sistematizar.
Uno delos textos más importantes de Hannah Arendt, es sin lugar a duda, La Condición Humana. Aquí desarrolla los planteamientos básicos en un intento de análisis ontológico del ser humano, tratando de replantear la pregunta formulada por Immanuel Kant: "Qué es el hombre" desde una fenomenología más separada y no-holista. De hecho, la Condición Humana parte de una voluntad que se ha denominado "Realismo respetuoso" que, en contra de una imagen integral y teórica de la Filosofía, intenta exclusivamente describir la Realidad en sus prácticas fundamentales. Esta energía, le hace apropiarse de otra visión fundamental: "el pensamiento mismo nace de los acontecimientos de la experiencia viva y debe mantenerse vinculado a ellos como los únicos indicadores para poder orientarse" ; a la práctica supone un rechazo de la "Filosofía Política" -así como de las Ciencias Sociales- como tal y una auto-designación como hipótesis de la Política.
Es necesario mencionar que Arendt establece tres dimensiones básicas de la Condición Humana: labor, trabajo y acción. Estas dimensiones son propias de todo sujeto en cualquier sociedad, por dilación o negligencia.
Arendt propone que por medio de las tres condiciones básicas de la condición humana, la política se dignifique, y de ese modo pueda estar atenta a los intereses públicos; y menciona que tenemos o debemos tener la libertad para consentir o no el determinismo histórico. La posibilidad de cambio coexiste, para cimentar una vida pública más auténtica, depende de nosotros ayudar a que este cambio se provea, solo de esta manera será posible conseguir una nueva forma de existir, una nueva realidad.
Según lo plantea Habermas la esfera o el espacio de la opinión pública no puede concebirse como institución y, menos como formación, pues no es un esqueleto de criterios que establece diferencia entre aptitudes y funciones, con regulación de las situaciones de pertenencia; no representa por lo tanto un sistema; aunque permite de alguna manera caminos íntimos de límites, definidos por horizontes abiertos al exterior.
El espacio de la opinión pública puede describirse como una trama para la comunicación de contenidos y tomas de actitud, o sea de ponencias, y en él los flujos de comunicación quedan destilados y condensados de tal forma que se sintetizan en opiniones públicas ligadas alrededor de contenidos específicos.
Son los pueblos los "portadores del espacio público”, por lo tanto en este pueden y deben pronunciarse sobre diferentes tópicos en los más disimiles esferas de su privacidad. La forma de realizar lo anterior es mediante la interrelación comunicativa diaria producto de la facilidad general de los lenguajes; lo que provoca demostraciones, predominios y ponencias. La opinión pública se puede manipular, sin embargo esto puede ocasionar la perdida de la realidad propia de los sujetos, es decir el sentido de sus vidas y su sometimiento en un mundo imaginado cooperado, aun corriendo el riesgo despojarse al valor de una legalización racional.
Habermas afirma que el espacio del libre juego de la opinión pública es el motor de la política democrática en un sentido real práctico y en un sentido legal. El discernimiento de sus características y eventos permite modificar aspectos procedimentales. Propone Habermas un patrón de estrategia deliberativa para prevalecer sobre las debilidades de las democracias actuales. En este modelo "la soberanía popular" ocupa un lugar central en los requerimientos procedimentales que se deben requerir para la legalización de las prácticas y las decisiones políticas.
Para finalizar, es importante mencionar que solo se realiza una pequeña muestra de la posición de cada uno de los pensadores que algunas veces coinciden en sus planteamientos sobre el ser social y las relaciones de las sociedades humanas con la política y modos de producción en la actualidad.
BIBLIOGRAFIA
Kant, Inmanuel: “¿Qué es la ilustración?” En ¿QUÉ ES LA ILUSTRACIÓN?
Madrid, España, Editorial Tecnos, 1993.
Hegel, G.W.F: PRINCIPIOS DE LA FILOSOFÍA DEL DERECHO. Barcelona,
España, Edición Edhasa, 1988.
Habermas, Jürgen: HISTORIA Y CRÍTICA DE LA OPINIÓN PÚBLICA. Barcelona,
España, Ediciones G. Gili, 1994.
Arendt, Hannah: LA CONDICIÓN HUMANA. Barcelona, España, Ediciones
Paidós, 1996.
Adorno; Horkheimer: DIALÉCTICA DE LA ILUSTRACIÓN. Madrid, España,Editorial Trotta, 1994.
Por :Cesar Augusto Campos Pacheco
El surgimiento y desarrollo tecnológico, y en consecuencia la globalización, en la actualidad justifica que la cultura sea una mercancía. El mundo moderno coexiste con deleite con las industrias culturales de las cuales las sociedades actuales demandan cada vez más productos que son elaborados a partir de características que sirven como modelo para satisfacer a la sociedad de consumo; frente a las relaciones de los seres humanos y la esfera pública y privada, hacen énfasis en el canje esencial que presume la modernidad frente a períodos anteriores por la forma de concebir lo privado, lo público, lo político y lo social. Lo anterior es planteado por cada uno de los pensadores que a continuación se mostrara de manera tangencial.
El escrito a cuatro manos entre Adorno y Horkheimer, titulado “La Dialéctica de la Ilustración”,es un estudio crítico de la dialéctica del desarrollo y ferocidad en la cual se encuentra inmersa la historia de la humanidad.
Es indudable que el hombre de la actualidad ha venido acoplándose a una manera determinada de opresión, y que de forma sensata o insensata se representen como una forma de unidad y precisión camino al progreso. Es cierto que el desarrollo del trabajo es una manera incluyente que patrocina el dominio como algo inevitable e inviolable. Las relaciones del capitalismo exigen herramientas que reclamen la dominación. Adorno y Horkheimer creen que estas herramientas deben ser representadas por sistemas filosóficos.
Para Adorno y Horkheimer, lo que plantea Hegel con base en la negación establecida es muy afín al problema que igualmente plantea la Ilustración; es decir la mediación y la inclinación a establecer la unidad. En el desarrollo del análisis los dos autores diseñan una analogía competente para mostrar estas representaciones sobreentendidas de reproducción. Es necesario mostrar aquí la forma en que Hegel facilita sentido a esta concepción de la negación determinada para luego exponer la semejanza con el transcurso de la Ilustración.
La tesis de Adorno y Horkheimer indica el camino de la dialéctica de Hegel, constituida por la negación determinada. Afirman ellos que el segmento concluyente del asunto es lo que determina que la dialéctica de Hegel termine dilapidando los logros alcanzados frente al positivismo y que de esta manera acabe creando una reincidencia en la mitología; cuestión esta que sería censurable en el método hegeliano pero con mayores consecuencias en el propósito de la ilustración.
Adorno y Horkheimer, afirman que la negación establecida, concebida bajo la obscuridad de la mediación, está destinada a la mitología, es decir a esta manera semejante al proceso capitalista de reproducirse y que personifica una perspectiva de lo otro como algo apocalíptico que hemos de sistematizar.
Uno delos textos más importantes de Hannah Arendt, es sin lugar a duda, La Condición Humana. Aquí desarrolla los planteamientos básicos en un intento de análisis ontológico del ser humano, tratando de replantear la pregunta formulada por Immanuel Kant: "Qué es el hombre" desde una fenomenología más separada y no-holista. De hecho, la Condición Humana parte de una voluntad que se ha denominado "Realismo respetuoso" que, en contra de una imagen integral y teórica de la Filosofía, intenta exclusivamente describir la Realidad en sus prácticas fundamentales. Esta energía, le hace apropiarse de otra visión fundamental: "el pensamiento mismo nace de los acontecimientos de la experiencia viva y debe mantenerse vinculado a ellos como los únicos indicadores para poder orientarse" ; a la práctica supone un rechazo de la "Filosofía Política" -así como de las Ciencias Sociales- como tal y una auto-designación como hipótesis de la Política.
Es necesario mencionar que Arendt establece tres dimensiones básicas de la Condición Humana: labor, trabajo y acción. Estas dimensiones son propias de todo sujeto en cualquier sociedad, por dilación o negligencia.
Arendt propone que por medio de las tres condiciones básicas de la condición humana, la política se dignifique, y de ese modo pueda estar atenta a los intereses públicos; y menciona que tenemos o debemos tener la libertad para consentir o no el determinismo histórico. La posibilidad de cambio coexiste, para cimentar una vida pública más auténtica, depende de nosotros ayudar a que este cambio se provea, solo de esta manera será posible conseguir una nueva forma de existir, una nueva realidad.
Según lo plantea Habermas la esfera o el espacio de la opinión pública no puede concebirse como institución y, menos como formación, pues no es un esqueleto de criterios que establece diferencia entre aptitudes y funciones, con regulación de las situaciones de pertenencia; no representa por lo tanto un sistema; aunque permite de alguna manera caminos íntimos de límites, definidos por horizontes abiertos al exterior.
El espacio de la opinión pública puede describirse como una trama para la comunicación de contenidos y tomas de actitud, o sea de ponencias, y en él los flujos de comunicación quedan destilados y condensados de tal forma que se sintetizan en opiniones públicas ligadas alrededor de contenidos específicos.
Son los pueblos los "portadores del espacio público”, por lo tanto en este pueden y deben pronunciarse sobre diferentes tópicos en los más disimiles esferas de su privacidad. La forma de realizar lo anterior es mediante la interrelación comunicativa diaria producto de la facilidad general de los lenguajes; lo que provoca demostraciones, predominios y ponencias. La opinión pública se puede manipular, sin embargo esto puede ocasionar la perdida de la realidad propia de los sujetos, es decir el sentido de sus vidas y su sometimiento en un mundo imaginado cooperado, aun corriendo el riesgo despojarse al valor de una legalización racional.
Habermas afirma que el espacio del libre juego de la opinión pública es el motor de la política democrática en un sentido real práctico y en un sentido legal. El discernimiento de sus características y eventos permite modificar aspectos procedimentales. Propone Habermas un patrón de estrategia deliberativa para prevalecer sobre las debilidades de las democracias actuales. En este modelo "la soberanía popular" ocupa un lugar central en los requerimientos procedimentales que se deben requerir para la legalización de las prácticas y las decisiones políticas.
Para finalizar, es importante mencionar que solo se realiza una pequeña muestra de la posición de cada uno de los pensadores que algunas veces coinciden en sus planteamientos sobre el ser social y las relaciones de las sociedades humanas con la política y modos de producción en la actualidad.
BIBLIOGRAFIA
Kant, Inmanuel: “¿Qué es la ilustración?” En ¿QUÉ ES LA ILUSTRACIÓN?
Madrid, España, Editorial Tecnos, 1993.
Hegel, G.W.F: PRINCIPIOS DE LA FILOSOFÍA DEL DERECHO. Barcelona,
España, Edición Edhasa, 1988.
Habermas, Jürgen: HISTORIA Y CRÍTICA DE LA OPINIÓN PÚBLICA. Barcelona,
España, Ediciones G. Gili, 1994.
Arendt, Hannah: LA CONDICIÓN HUMANA. Barcelona, España, Ediciones
Paidós, 1996.
Adorno; Horkheimer: DIALÉCTICA DE LA ILUSTRACIÓN. Madrid, España,Editorial Trotta, 1994.
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